domingo , 15 septiembre 2019

Censura en Brasil: envían inspectores a la Bienal del Libro de Río para decomisar obras con contenido LGBT

La medida fue ordenada por el alcalde evangélico Marcelo Crivella a raíz del beso de dos personajes en el cómic «Los Jóvenes Vengadores».

Inspectores en la Bienal del Libro de Río (Foto: Prensalibreonline).

por Bruno Bimbi, para TN.com.ar

Podría ser un episodio de la próxima temporada de El cuento de la criada, o tal vez una de esas noticias que llegan desde Irán o Arabia Saudita, pero sucedió acá nomás, en Río de Janeiro, en ese país que alguna vez se llamó Brasil y ya fue democrático. Inspectores municipales, cumpliendo funciones de Policía Moral a las órdenes del alcalde evangélico Marcelo Crivella –aliado de Jair Bolsonaro y sobrino del dueño de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Edir Macedo–, invadieron la Bienal del Libro y comenzaron a recorrer los stands de las editoriales en busca de “escenas de homosexualismo”, como le dicen los evangélicos neo-pentecostales brasileños a la homosexualidad.

Fue un mega operativo, con toda la pompa, como si buscaran un cargamento con toneladas de cocaína, una bomba, el escondite de una célula terrorista o algo aún más peligroso. Pero buscaban libros. “Libros impropios”, como los calificó el alcalde.

Lo repito porque al lector le puede parecer extraño. No es broma. No es una nota del día de los inocentes. Fue en Brasil, nuestro país vecino, acá al lado.El gobierno mandó inspectores a la Bienal para retirar de circulación los libros que tuvieran contenido LGBT. No quedó claro si, luego de identificarlos y decomisarlos, organizarían una quema en alguna plaza pública, como los nazis. A este punto llegó el Brasil de Bolsonaro.

Antes del operativo, las autoridades de la Bienal habían recibido una intimación extrajudicial del municipio, avisando que cualquier obra con contenido homosexual debería ser cubierta con una funda negra lacrada e identificada con una advertencia, o bien retirada de circulación. Los inspectores iban con órdenes de decomisar las obras prohibidas. El inédito e ilegal acto de censura e intimidación –Crivella llegó a amenazar con clausurar la bienal, quitándole la licencia para funcionar– fue comunicado, con orgullo, por el propio alcalde, a través de un video publicado en internet.

El beso que preocupó a Crivella (Foto: Prensalibreonline).

Todo comenzó por culpa de un beso. Un simple y hermoso acto de amor, protagonizado por Hulkling y Wiccanpersonajes de Los Jóvenes Vengadores –versión juvenil del clásico de Marvel–, había desatado la ira de Crivella. El cómic en el que los superhéroes gay se besan en la boca, Avengers: The Children’s Crusade #9, fue publicado en 2010 en los Estados Unidos y llegó a Brasil en 2016. Estaba a la venta en el stand de la editorial Panini Comics. El guionista Allan Heinberg, que trabajó en la obra junto al dibujante Jim Cheung, ya fue nominado para el premio Eisner.

La imagen del beso, tan bien recibido en todo el mundo cuando se publicó, circuló esta semana por whatsapp y provocó la indignación de los evangélicos brasileños, hasta llegar a conocimiento del alcalde, que inmediatamente decidió que ese cómic no podría ser vendido en la Bienal. En su anuncio para las redes sociales, Crivella dijo que la censura era necesaria para “proteger a los menores” de la peligrosísima influencia de un beso gay, porque con los besos heterosexuales no hay problema.

Lo que vino después fue una caza de brujas, con los agentes de la Policía Moral del municipio recorriendo los stands para comprobar si, además de la osadía de Hulkling y Wiccan, había algún otro libro o revista a la venta en la Bienal con “escenas” de homosexualidad, o, como dice el alcalde, el homosexualismo.

El operativo, que ocurría por primera vez en la historia de la Bienal, fue comandado personalmente por el subsecretario de operaciones de la Secretaría Municipal de Orden Pública, coronel Wolney Dias. El funcionario, ex agente de la Policía Militar, arribó al lugar con anteojos negros y recorrió los stands uno por uno, revisando personalmente los libros. “No es censura”, dijo al llegar. Al salir, los periodistas le preguntaron qué había encontrado. «Muchos libros»,respondió, lacónico.

La revista con el beso ya se había agotado cuando llegaron los censores, por la reacción del público, que corrió a comprarla, algunas personas como protesta, otras por mera curiosidad, pero las versiones sobre el resto de las obras con temática, historias o personajes homosexuales o transexuales son contradictorias. De acuerdo con la Folha de São Paulo, que hoy reprodujo en su tapa, gigante y a todo color, el beso prohibido, empleados de algunos stands reconocieron en off que recibieron órdenes para retirar cualquier obra de ese tipo, para evitar problemas.

Gilead es aquí y da miedo.

La tapa de Folha de São Paulo (Foto: Prensalibreonline).

Otros stands, sin embargo, tomaron la decisión contraria: tras la inspección, colocaron en exhibición todas las obras con contenido LGBT que tenían para vender, como forma de protesta, además de emitir duros comunicados de repudio. El youtuber brasileño Felipe Neto anunció por twitter que había comprado 10 mil libros con temática LGBT a y los distribuiría este sábado en la Bienal de forma gratuita, con un adhesivo que dice: “Este libro es impropio para personas atrasadas, retrógradas y prejuiciosas”.

Los organizadores de la Bienal recurrieron a la justicia y consiguieron una medida cautelar del juez Heleno Ribeiro Pereira Nunes, de la 5ta. Cámara Civil, que prohibía al alcalde “buscar y aprehender” obras en el evento o cancelar su licencia de funcionamiento. Pero hoy por la tarde, el presidente del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro, Claudio de Mello Tavares, dictó una nueva cautelar suspendiendo los efectos de la anterior y avalando la censura. Todo el episodio, inclusive con este preocupante aval de la justicia, es revelador del momento político que vive Brasil.

Que el ultra homofóbico alcalde Marcelo Crivella, obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, quiera censurar un beso gay no podría sorprender a nadie. En mi libro “El fin del armario”, cuya edición en portugués está a la venta en la Bienal, cuento su historia y la del emprendimiento económico, político y religioso fundado por su tío Edir Macedo décadas atrás en el barrio Abolição, a pocas cuadras de la casa donde viví cuando llegué a la ciudad en 2009. Más que una iglesia, la Universal, que ahora está en decenas de países, es una mafia con vinculaciones con el crimen organizado y el lavado de dinero, que se dedica a recaudar dinero de múltiples formas y que, además de hacer millonarios a sus dueños y sus socios, ha servido para fundar un proyecto político que llevó a varios pastores al Congresoa los ministerios y a legislaturas provinciales y locales, y, en 2016, conquistó la alcaldía de la Ciudad Maravillosa.

Pero, aun siendo quien es y teniendo la historia que tiene, el “obispo” Crivella no se habría animado a hacer lo que hizo este viernes si la democracia brasileña no estuviera herida de muerte desde el impeachment de Dilma Rousseff, la prisión política de Lula da Silva y la elección de Jair Bolsonaro.

En este nuevo Brasil, como en la República de Gilead, ya todo es posible, inclusive una feria del libro invadida por la Policía Moral en busca de libros impropios, que quizás la próxima vez lleguen a quemar, en la playa del Arpoador y con música góspel.

Fuente: Bruno Bimbi, para TN.com.ar / URL original

Gnetwork360 Buenos Aires 2019

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