Viernes , 22 junio 2018

Un recorrido por el carnaval (gay) de Río 2018

Por Christian Rodriguez para GMAG360.

Conviene llegar a Río unos días antes del carnaval para ir entrando en clima, la playa que cada día está más llena, sentir el subidón de fervor. El lugar de reunión es el Posto 9, señalado por una enorme bandera arcoiris, donde desemboca la calle gay por excelencia, Farme de Amoedo, en Ipanema. Si te vas a encontrar con alguien, no alcanza con quedar en el Posto 9, conviene ser más granular y quedar en una barraca específica. Las distintas barracas alquilan sombrillas de distinto color y hay una sutil segmentación: un sector más de osos, maduros y afines, y un sector de más musculosos y atléticos, más un tutifruti desparramado de todo lo demás.

La rutina playera consiste en un ciclo repetido de tomar algo (cerveza, caipiriñas de distintas frutas y colores, jugos), meterse al agua, otear el horizonte de sol y morros, escanear los cuerpos dorados al spiedo, y ponerse y sacarse ropa y accesorios: del short a la sunga, lentes oscuros si o no, gorro para atrás, para el costado, sacudirse el pelo mojado. Cuando llega el atardecer algunos caminan hasta la Piedra de Arpoador y trepan a las piedras para ver desde allí la caída del sol, que se aplaude, a veces se ovaciona, como un espectáculo. Otros caminan por Amoedo y reponen energías comiendo algo liviano en alguno de los lanchonetes, es ahí dónde te cruzás con caras conocidas, de carnavales anteriores, de Argentina, o alguien que sumaste en facebook o instagram pero no, no te acordás el nombre.

El posto 9 en Ipanema: cita playera obligada para el público gay.

El posto 9 en Ipanema: cita playera obligada para el público gay.

Ya desde semanas antes hay fiestas de bloco, es decir, fiestas de calle, con distintas temáticas y música, todas igualmente regadas con litros de cerveza o Skol Beats. Conviene informarse antes de ir, porque las fiestas pueden cambiar horario o locación, para eso existen grupos de facebook, sitios de internet o incluso aplicaciones de celular. Meterse en la calle, mezclarse, es parte del atractivo específico del carnaval de Río, y llegar hasta la fiesta ya es parte de la fiesta (sobre todo si tomás el subte, el baile y batucada de los pasajeros bambolea los vagones). En la calle se ve mucha gente disfrazada (fantaseada, en portugués): el disfraz más común para ellos es la pollerita de tul. Cuanto más heteros más les gusta vestirse con la pollerita de tul. También se ven muchas Mujeres Maravillas, en un revival empujado por la película del año pasado. Soltate el rodete, ponete el bombachón estrellado, contame solamente la verdad.

Pero… ¿todo es lindo y pura alegría? No, en la playa, en las calles, en todos lados hay que tener mucho cuidado con la mochila, la billetera, el celular. Los robos por arrebato son demasiado frecuentes, a este cronista le desaparecieron unas ojotas en unos pocos segundos, con un pase de magia que ni Fumanchú. En otro momento una chica vino llorando a contarme que le acababan de robar el celular. La recomendación es la de siempre: no llevar encima cosas de demasiado valor, tarjetas de crédito, etc, guardar o esconder bien el celular, no andar con documentos encima (en muchos lugares aceptan como identificación una fotocopia del documento o el pasaporte).

Festas do bloco: la gente se disfraza y se junta en distintos puntos de la ciudad, a festejar.

Festas do bloco: la gente se disfraza y se junta en distintos puntos de la ciudad, a festejar.

Si te gusta la noche – te gusta el boliche, el carnaval tiene muchas opciones para vos. La principal atracción es The Week, la megadisco de música electrónica que tiene sedes en Río y Sao Paulo, y que arma, para estas fechas, un festival. Mezclando DJs invitados internacionales con DJs locales, este año las fiestas fueron cuatro, trayendo a Río fiestas del circuit(o): Toy, Circuit, Papa y Forever Tel Aviv. La más concurrida, Circuit, se hizo en un almacén gigante en el puerto, lo que permitió que la enorme concurrencia se moviera con comodidad (igual conviene llegar temprano a todas las fiestas, porque la fila es larga). El espacio tenía también un espacio abierto que se habilitó con un DJ en las primeras horas de la mañana: a pocos metros, en el muelle, ancló un crucero, y los pasajeros, en su mayoría gente de mayor edad, salieron a revolear los brazos y a bailar también. Desde el barco, allá arriba, nos filmaban con celular, desde abajo, acá, los filmamos a ellos.

El clima en el boliche era de baile y mezcla. Aunque el público de The Week es mayormente atlético y musculoso, y casi todos se sacan la remera, hay de todo. La música sonaba fuerte y la gente se arracimaba en islas de amigos. Este archipiélago de islas que puede recorrerse casi turísticamente, y es fácil sumarse a algún grupo para bailar. La gente es simpática y amigable, y el cronista comprobó que alcanza con decir que sos argentino para que respondan que adoran Argentina y que ya fueron varias veces o que les gustaría ir.

Metido entre la gente, abriéndome paso entre torsos sudorosos, hablé y bailé con muchos. Un camionero musculoso y su novia, profesora de danzas, que sambeaba a los saltitos, en tacos. Un barbudo que me abrazó y me dijo que era igual a su ex-novio, insistió en sacarme la remera, y cuando traté de negarme me forzó a que me pusiera la suya (y me la regaló, y se fue). Un grupo de osos que se fueron presentando de a uno, diciendo sus nombres (Adilson, Everton, Nilson, todos terminados en “on”), y que después de unos pocos minutos me sumaron a sus instagrams. Un grupo de flaquitos bailarines que me convidaron cerveza, chicles, y trataron de enseñarme, sin éxito, a bailar sacudiendo la bunda. Etc. La burbuja de espacio físico personal se rompe y el contacto rápido, repentino, se produce, aunque dure apenas unos minutos, ya que el cronista tiene que ir al baño a refrescarse y se pierde al volver. Al día siguiente, revisando la cuentas de facebook o instagram y los muchos agregados, recuerda vagamente jirones de la noche anterior.

The Week, Circuit: una multitud baila frente a un crucero anclado en el muelle, en las primeras horas de la mañana.

The Week, Circuit: una multitud baila frente a un crucero anclado en el muelle, en las primeras horas de la mañana.

Hay otras alternativas, para los que buscan otro tipo de fiestas. Fosfobox es una disco alternativa, no gay pero sí gay friendly, también electrónica, orientada a los que gustan de música más tecno, o más progressive, o más trance, menos melódica. TV Bar, otro bar / boliche en Copanema, ofrece también fiestas temáticas, más orientadas al público oso u oso – adyacente. The hole, los jueves, es una fiesta más zarpada, que incluye un show de sexo en vivo. Bearbie, otra de las fiestas, es la versión oso pop, disfrazado, brillantina. La Cueva, en Copacabana, es un lugar chico para osos más gordos y maduros, con eventos más sociales: karaoke, baile, pop clásico. Para los que buscan fiestas grandes de día, al aire libre, está The Original Brazilian Pool Party, en un enorme predio con piscina en Barra de Tijuca (es necesario ir en auto o contratar un transfer, es lejos y no de fácil acceso).

¿Y el desfile en el sambódromo? El cronista no parece particularmente interesado en este evento elefantiásico, caro, prefiere mezclarse entre la gente, en un carnaval más horizontal y menos rimbombante. Para los que quieran ir, se puede ir a ver la escuela do samba ganadora al sábado siguiente del carnaval, cuando los precios son más accesibles, en una fiesta que marca el final del carnaval.

La novedad, en estos últimos años, es que otras ciudades están organizando sus propios carnavales, con éxito creciente. No se trata de las ciudades que ya tenían carnavales fuertes (Bahía, Recife – Olinda, Florianópolis, etc), sino de otras ciudades. Sao Paulo, por ejemplo. Hubo también ahí muchas fiestas de bloco y el evento convocó a millones de personas. El carnaval en Brasil sigue, en Río y cada vez en más ciudades, como forma de militancia vital en estos tiempos difíciles. Volverá él, y volveremos nosotros, el próximo año.

Créditos fotos: Blocos de Rua, The Week.

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